
Ludwig von Bertalanffy, biólogo y filósofo austriaco, es considerado el padre de la Teoría general de sistemas, en la década de 1940.
Fue concebida con el fin de constituir un modelo práctico para conceptualizar los fenómenos que la reducción mecanicista de la ciencia clásica no podía explicar.
Lo que quizás nadie se esperaba era que proporcionara un marco unificador, tanto para las ciencias naturales, como para las sociales, que pronto empezarían a emplear conceptos tales como organización, totalidad, globalidad e interacción dinámica.
A partir de esta teoría surgió el interés por estudiar las totalidades y las relaciones entre fenómenos. Era fácil que los antropólogos y demás profesionales de las ciencias sociales se sintieran atraídos por ella, ya que a través de la teoría general de los sistemas podían buscar respuestas a cuestiones que antes no podían abordar.
Hemos revisado algunas de las características de los sistemas en la lección anterior, pero hemos dejado algunas de sus propiedades para detenernos un poco más en ellas.
Homeostasis y morfogénesis:
Todo sistema oscila alrededor de una posición de equilibrio que nunca alcanzará. A ese estado de equilibrio se le llama homeostasis.
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Homeostasis: Del griego homo (ὅμος) que significa "similar" y estasis (στάσις) "estado", "estabilidad". |
Podríamos definir la homeostasis como la tendencia hacia equilibrio, una característica fundamental de todos los sistemas. Es un término muy común en el estudio de los procesos fisiológicos como el hambre, la sed, etc.
Este concepto fue introducido en la terapia familiar por Donald Jackson (1957). Uno de los fundadores del Mental Research Institute (MRI) de Palo Alto, en la década de los cincuenta. Jackson tomó el término, que ya se venía utilizando en la comunidad científica desde principios de los años 30, y lo aplicó al sistema familiar.
Un sistema homeostático es, por definición, un sistema abierto, es decir, recibe retroalimentación o feedback del exterior y por tanto mantiene sus funciones y su estructura a través de una multiplicidad de equilibrios dinámicos, controlados por mecanismos de regulación. O dicho de un modo más sencillo, el sistema permanece en equilibrio porque se comunica con el exterior, regulándose en función del entorno y de sus necesidades. (Cuando lleguemos a la cibernética veremos más detenidamente el concepto de feedback)
Por lo tanto, podemos decir que la homoestasis es una condición esencial para la supervivencia del sistema. Es imposible perdurar sin adaptarse a los cambios del entorno y evolucionar.
Esto nos conduce a otra de las propiedades del sistema, la morfogénesis, que se refiere a las modificaciones y el crecimiento del sistema, es decir, la capacidad de adaptación y cambio.
Los períodos de cambio o desequilibrio, provocados por el feedback del exterior, se van alternando con periodos de equilibrio, ya que se activan los mecanismos homeostáticos. De modo que el sistema tiende al mismo tiempo a la conservación (homeostasis) y a la evolución (morfogénesis), lo que le permite atravesar las distintas etapas del ciclo vital.
¿Y cómo se aplica esto a la psicología?
Los mecanismos homeostáticos en psicología son aquellos patrones de conducta que están destinados a devolver al sistema a su estado de equilibrio.
La rigidez de los patrones de conducta está vinculada con la disfunción, o síntoma, entendido como "el precio que debe pagar el sistema por mantener el equilibrio".
El sistema se vuelve sintomático cuando el coste de mantener el equilibrio es más alto que el beneficio del cambio o adaptación. Por ello, cualquier intervención psicosocial está dirigida, implícita o explícitamente, a transformar estos mecanismos homeostáticos rígidos en otros más flexibles y funcionales.