
“…Trastornos del pensamiento, tan útiles para crear cortinas de humo y evitar que se metacomunique, que se encuentre la punta del ovillo, que se pueda esclarecer.”
Selvini, M. (1988)
El doble vínculo es una situación en la que se presenta una paradoja y se obliga a la persona a responder de alguna manera ante ella, lo cual genera una gran indefensión, pues acaba aprendiendo que haga lo que haga recibirá un castigo y además no hay forma de escapar, porque como vimos, no es posible no comunicar.
Según los autores de esta teoría, el aprendizaje de este tipo de patrones comunicativos conducía a la esquizofrenia, aunque hay que decir que, a día de hoy, no se considera una explicación suficiente sobre sus causas.
Entienden la esquizofrenia como una especie de laberinto de palabras en el que la persona queda atrapada lingüísticamente.
“El “esquizofrenés” es un lenguaje que obliga al interlocutor a elegir entre muchos significados posibles que no sólo son distintos, sino que incluso pueden resultar incompatibles entre sí. Así se hace posible negar cualquier aspecto de un mensaje o todos sus aspectos. (…)
La comunicación (o conducta) alienada no es necesariamente la manifestación de una mente enferma, sino quizá la única reacción posible frente a un contexto de comunicación absurdo o insostenible” Teoría de la Comunicación Humana (1967) |
El esquizofrénico vive en su mundo porque el conflicto entre los niveles lógicos resulta adaptativo para sobrevivir. Ha aprendido a detectar paradojas y reaccionar ante ellas.
Entre lo cotidiano y lo patológico
Este tipo de situaciones se producen mucho más habitualmente de lo que podemos imaginarnos a simple vista, sin embargo, para que el doble vínculo conduzca a un cuadro esquizofrénico, serían necesario que ese patrón comunicativo fuera duradero y que transformase de forma significativa la conducta a largo plazo.
Es decir, todas/os nos encontramos a menudo en situaciones de doble vínculo, con amigos, jefes, etc. Salimos con mejor o peor suerte y seguramente en algún momento nos veamos haciendo algo que en realidad no queríamos hacer, pero una vez superada la situación, volvemos a nuestra normalidad.
Sin embargo, la persona con esquizofrenia se acaba definiendo a sí misma en este tipo de situaciones, de manera que se convierte en su forma de comportamiento habitual y esto es lo que lo hace desadaptativo, la dificultad de detectar el conflicto entre niveles lógicos.
Hay una frase que dice: El esquizofrénico entra en el restaurante y se come la carta.
Veamos un ejemplo cotidiano en el que una persona se ve puntualmente atrapada en una situación de doble vínculo:
Andrés le manda el siguiente mensaje a su jefe: Estoy de camino, voy a por las camisetas, pero creo que debemos hacer un cambio de estrategia, porque me parece que son demasiadas ¿Y si compramos ahora la mitad y más adelante, dependiendo de cómo vaya la cosa, volvemos a comprar?
A lo que su jefe le contesta: Como para empezar, es lo que habíamos hablado, hazlo y luego pienso lo que me estas comentando. Entro a la reunión ya.
¿Qué dirías que debe interpretar Andrés? ¿El jefe está de acuerdo en que debe comprar una cantidad moderada como para empezar, tal y como habían hablado?
¿O quizás debe comprar la cantidad de la que hablaron? en cuyo caso, por más que luego piense lo que le está comentando ya estará comprada la totalidad y puede que estén de acuerdo en que eran demasiadas.
En cualquier caso, el hecho de posponer el pensar en una decisión que se da por tomada es en sí paradójico.
Si nos ponemos en el caso de que Andrés se la está jugando en este proyecto y que su jefe no le tiene demasiado en consideración, puede que la manera en que resuelva esta situación sea determinante para conservar su trabajo.
Es importante que identifiquemos este tipo de situaciones, más allá de la psicopatología. Anteriormente decíamos que existían diferentes técnicas de intervención que aplican estos fenómenos para crear un contexto en el que la paradoja juega precisamente a nuestro favor.
Es especialmente interesante en casos en los que los consultantes no colaboran o no terminan de posicionarse en cuanto al problema por el que debemos intervenir.
El doble vínculo nos pone a prueba
Tan desafiante resulta este fenómeno que en el budismo zen se usan los mensajes de doble vínculo para lograr la iluminación. Podríamos imaginarnos una escena en la que el maestro pone una vara sobre la cabeza del discípulo y le dice en tono de calmada ferocidad:
"Si dices que esta vara es real, te golpearé con ella; si dices que no es real, te golpearé con ella y si no dices nada, te golpearé con ella".
La única salida sería algo así como romper la vara, pero eso, en el caso de una persona con esquizofrenia, sería precisamente el síntoma.
“El “esquizofrenés” es un lenguaje que obliga al interlocutor a elegir entre muchos significados posibles que no sólo son distintos, sino que incluso pueden resultar incompatibles entre sí. Así se hace posible negar cualquier aspecto de un mensaje o todos sus aspectos. (…)
