
Podríamos definir un sistema como un conjunto de elementos en interacción dinámica organizados en función de una finalidad (De Rosnay, 1977). Es decir, un conjunto de elementos que trabajan juntos de forma organizada para conseguir un fin común.
En nuestro caso, vamos a hablar de sistemas humanos, por lo que concretaremos más en la definición, un sistema sería entonces:
Un conjunto de personas, relacionadas entre sí, que forman una unidad frente al contexto al que pertenecen, cuyo objetivo común puede ser muy variado: sobrevivir, perpetuar un linaje, fabricar un producto, etc.
Lo cual implica que, aunque en muchas ocasiones se utiliza la palabra sistema como sinónimo de familia, existen infinidad de sistemas sobre los que intervenimos, sin que por ello deba existir relación de parentesco.
Por ejemplo, una educadora que interviene en un instituto deberá tener presente el sistema que supone el grupo B de 4º de la ESO. Frente al grupo A, y también frente el sistema que conforma el IES, del que 4ºB sería un subsistema con sus propias reglas, que no son aplicables a todo el instituto, pero que deben estar enmarcadas en el funcionamiento de éste.
Con el fin de determinar quién forma parte del sistema y quien no, se hace imprescindible la imposición de límites, internos y externos. Los primeros separan a los miembros en subsistemas y los segundos, también llamados fronteras, separan al sistema del exterior.
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